

Qué poco podría imaginarse nuestro querido Ramón que tan sólo cinco años después, su “Jesús Nazareno” volvería a desfilar por las calles de Santander, a hombros de doce costaleros y al son del caminar de los penitentes y nazarenos y, poco después, al son de los tambores y las cornetas de una Banda propia de la Archicofradía. Qué poco podría imaginarse…
En 1982, la Merced volvió a la calle tras el parón de mediados los 70. Por entonces, Gabino Llaca era nuestro Hermano Mayor junto con Ramón Gómez, Ricardo Bárcena, Francisco Sánchez y José Serrano, a quien siempre conocí impecable, con traje, gabardina, y sombrero, como los galanes del cine de los 40. De entre los jóvenes, Emilio Negrete era uno de las voces fuertes de la cofradía, organizador de muchos actos aparte de Semana Santa para conseguir el mayor auge y máxima concentración de gente en la cofradía – recuerdo una excursión que hicimos a Brañavieja, donde disfruté como nunca con la nieve y el descenso en trineo…– Por allí también estaban Fernando Cuevas, Félix Antonio y Martín José López Hoya, los Buruaga, las respectivas novias de cada uno, Teresa Saro, Jaime Carra, José Luis Temes, Ramón Gómez Ramos y un largo etcétera. Y no había dinero (como decía Ramón Gómez Blanco en la entrevista), ni infraestructura ni medios suficientes para poder sacar de manera digna a nuestras imágenes por la ciudad. Pero había ilusión y cariño. Y una pizca de sueños y anhelos. Que no eran pocos. Los ingredientes que también utilizaron nuestros antepasados en el año 42 para fundar esta Archicofradía de la Celeste, Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced que tuvo su sede durante los primeros años de vida, en la Cripta del Santísimo Cristo.
“Nacida al calor de una mirada de Madre, libertadora de cautivos, la Cofradía de la Merced entra con firme y entusiasta fervor en el quinto año de su existencia, que es precisamente el año que la Montaña consagra a honrar de manera especial a la Virgen Santísima: el Año Mariano.
Pero como “cautivos” siempre dice dolor, privación y heroísmo, el año Mariano para la Cofradía de la Merced será dolor, sacrificio y penitencia voluntariamente aceptados y buscados para que el Señor rompa las cadenas del cautiverio moral en que el mundo se siente preso. Privación personal y colectiva de todo lo superfluo y aún conveniente para crear con aportaciones de todos, la “bolsa” de donde salga la ayuda de una limosna material, y el consuelo de sentirse comprendido en el dolor. Heroísmo de una postura intransigente ante cualquier impulso de origen inferior que pudiera tener el deshonroso terminar de negar los laureles de Fe y Patria conquistados entre barrotes, cadenas o sangre de mártires.
Esta es la consigna mercedaria que ha de ungir el espíritu de la Cofradía durante el quinto año de su existencia en Santander.
Más a las inmediatas: sacrificio y heroísmo que lleve a todos los Cofrades, a todos, a los actos de culto durante la Semana Santa.
Actividad religiosa de la Cofradía ha sido la constante asistencia a la Misa de Hermandad celebrada los terceros domingos de cada mes en el Santísimo Cristo, y el aumento de Hermanos que de continuo visten el hábito Mercedario en el solemne ritual de la imposición
Y como toda floración espiritual requiere vitalidad, los cofrades de la Merced recurrieron el año pasado a lo que los cofrades de la Merced recurrieron el año pasado a lo que los Papas han llamado “la mejor fuente de regeneración cristiana: los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola” y a esa misma fuente de espiritualidad se acercará este año asistiendo a los Ejercicios en Retiro del doce al dieciséis de marzo.
Porque tenemos bien aprendido que no basta dar consignas, sino que es preciso hacerlas fáciles al calor de la gracia del Espíritu Santo conseguida con oración y sacrifico.
Programa de Actos de la Semana Santa de 1947”
Ya una vez consolidada la Banda de Tambores en el 85, los tres hermanos Rodríguez Ayestarán y nuestro vecino Agustín comenzamos a pregonar a los cuatro vientos lo bien que pasábamos las tardes de los sábados en aquella vieja capilla tocando el tambor. Y así, fueron viniendo más gente del barrio a integrarse con nosotros en aquella aventura que nos parecía algo más que apasionante. Y también apareció Javier Martínez – hoy nuestro Secretario – que tocó el tambor con nosotros en nuestro primer año antes de marcharse a realizar el Servicio Militar. Y Fredi, y el resto de jóvenes de nuestra familia – todos los primos – y amigos de Agustín… Así, hasta llegar a los más de treinta que hemos salido procesionando con los tambores, las cornetas y las trompetas en esta pasada Semana Santa de 2004.
Al tiempo que la Banda iba en aumento, también lo hacía la propia cofradía, con la confección de hábitos nuevos, adquisición de nuevos aditamentos para reponer los que ya eran muy antiguos o los que nos robaban los desaprensivos amigos de lo ajeno, aprovechando que el Cine Bonifaz estaba en ruinas, lo que facilitaba el acceso al mismo y de allí, a la vieja capilla a través de un patio pequeño que separaba ambos edificios. Esto último me recuerda inexorablemente a “Cinema Paradiso”, pues imagínense a unos críos de diez o doce años, abrir el portalón de la capilla que daba al patio, y corretear por la antigua sala de butacas, por detrás de la gran pantalla del Bonifaz – que se conservaba casi intacta –, por los butacones de los palcos, por los archivos del sótano, donde en estanterías, aún había maletas con viejas películas – y todo esto es cierto. Incomprensiblemente cierto. Cosas de la dejadez de los políticos, que tienen todos un máster en mirar hacia otro lado cuando la cosa se pone cruda. Pero esto es otra historia… – En definitiva. Que aquello no hacía sino incrementar la magia de los ensayos los sábados por la tarde. Sobre todo para un cinéfilo como yo.
De aquellos primeros años en la cofradía de la Merced, recuerdo con especial cariño aquellas cenas a los que los mayores nos invitaban una vez que acababa la Semana Santa. Era como si hubiésemos ascendido un escalafón más. Sobre todo la noche aquella en que en el restaurante “Alfil”, Moncho – nuestro mayordomo y actual Hermano Mayor – hizo reparto de diplomas a los más mayores de la banda a la hora de los postres y antes de mandarnos para casa. El seguir la juerga vendría después, con los años, cuando conseguíamos que nos llevasen a “La gramola” a hacerles compañía durante su primera copa. Al principio nos contentábamos con llegar al “Alfil” y disfrutar, como los críos que éramos, del ambiente familiar y post-Semana Santa que se vivía con todos ellos. Y después de la cena, para casa, en un reparto bien estudiado. Nuestros tíos nos acompañaban hasta el portal y se quedaban esperando hasta que, ya en casa, descolgábamos el telefonillo del portero automático para confirmar que ya habíamos entrado en la vivienda. Cosas de aquellos años.
Y también de aquellos primeros años, se grabaron a fuego y para siempre las imágenes de nuestro “Nazareno” y nuestra “Piedad” saliendo por la puerta de la vieja capilla.
En 1982, la Merced volvió a la calle tras el parón de mediados los 70. Por entonces, Gabino Llaca era nuestro Hermano Mayor junto con Ramón Gómez, Ricardo Bárcena, Francisco Sánchez y José Serrano, a quien siempre conocí impecable, con traje, gabardina, y sombrero, como los galanes del cine de los 40. De entre los jóvenes, Emilio Negrete era uno de las voces fuertes de la cofradía, organizador de muchos actos aparte de Semana Santa para conseguir el mayor auge y máxima concentración de gente en la cofradía – recuerdo una excursión que hicimos a Brañavieja, donde disfruté como nunca con la nieve y el descenso en trineo…– Por allí también estaban Fernando Cuevas, Félix Antonio y Martín José López Hoya, los Buruaga, las respectivas novias de cada uno, Teresa Saro, Jaime Carra, José Luis Temes, Ramón Gómez Ramos y un largo etcétera. Y no había dinero (como decía Ramón Gómez Blanco en la entrevista), ni infraestructura ni medios suficientes para poder sacar de manera digna a nuestras imágenes por la ciudad. Pero había ilusión y cariño. Y una pizca de sueños y anhelos. Que no eran pocos. Los ingredientes que también utilizaron nuestros antepasados en el año 42 para fundar esta Archicofradía de la Celeste, Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced que tuvo su sede durante los primeros años de vida, en la Cripta del Santísimo Cristo.
“Nacida al calor de una mirada de Madre, libertadora de cautivos, la Cofradía de la Merced entra con firme y entusiasta fervor en el quinto año de su existencia, que es precisamente el año que la Montaña consagra a honrar de manera especial a la Virgen Santísima: el Año Mariano.
Pero como “cautivos” siempre dice dolor, privación y heroísmo, el año Mariano para la Cofradía de la Merced será dolor, sacrificio y penitencia voluntariamente aceptados y buscados para que el Señor rompa las cadenas del cautiverio moral en que el mundo se siente preso. Privación personal y colectiva de todo lo superfluo y aún conveniente para crear con aportaciones de todos, la “bolsa” de donde salga la ayuda de una limosna material, y el consuelo de sentirse comprendido en el dolor. Heroísmo de una postura intransigente ante cualquier impulso de origen inferior que pudiera tener el deshonroso terminar de negar los laureles de Fe y Patria conquistados entre barrotes, cadenas o sangre de mártires.
Esta es la consigna mercedaria que ha de ungir el espíritu de la Cofradía durante el quinto año de su existencia en Santander.
Más a las inmediatas: sacrificio y heroísmo que lleve a todos los Cofrades, a todos, a los actos de culto durante la Semana Santa.
Actividad religiosa de la Cofradía ha sido la constante asistencia a la Misa de Hermandad celebrada los terceros domingos de cada mes en el Santísimo Cristo, y el aumento de Hermanos que de continuo visten el hábito Mercedario en el solemne ritual de la imposición
Y como toda floración espiritual requiere vitalidad, los cofrades de la Merced recurrieron el año pasado a lo que los cofrades de la Merced recurrieron el año pasado a lo que los Papas han llamado “la mejor fuente de regeneración cristiana: los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola” y a esa misma fuente de espiritualidad se acercará este año asistiendo a los Ejercicios en Retiro del doce al dieciséis de marzo.
Porque tenemos bien aprendido que no basta dar consignas, sino que es preciso hacerlas fáciles al calor de la gracia del Espíritu Santo conseguida con oración y sacrifico.
Programa de Actos de la Semana Santa de 1947”
Ya una vez consolidada la Banda de Tambores en el 85, los tres hermanos Rodríguez Ayestarán y nuestro vecino Agustín comenzamos a pregonar a los cuatro vientos lo bien que pasábamos las tardes de los sábados en aquella vieja capilla tocando el tambor. Y así, fueron viniendo más gente del barrio a integrarse con nosotros en aquella aventura que nos parecía algo más que apasionante. Y también apareció Javier Martínez – hoy nuestro Secretario – que tocó el tambor con nosotros en nuestro primer año antes de marcharse a realizar el Servicio Militar. Y Fredi, y el resto de jóvenes de nuestra familia – todos los primos – y amigos de Agustín… Así, hasta llegar a los más de treinta que hemos salido procesionando con los tambores, las cornetas y las trompetas en esta pasada Semana Santa de 2004.
Al tiempo que la Banda iba en aumento, también lo hacía la propia cofradía, con la confección de hábitos nuevos, adquisición de nuevos aditamentos para reponer los que ya eran muy antiguos o los que nos robaban los desaprensivos amigos de lo ajeno, aprovechando que el Cine Bonifaz estaba en ruinas, lo que facilitaba el acceso al mismo y de allí, a la vieja capilla a través de un patio pequeño que separaba ambos edificios. Esto último me recuerda inexorablemente a “Cinema Paradiso”, pues imagínense a unos críos de diez o doce años, abrir el portalón de la capilla que daba al patio, y corretear por la antigua sala de butacas, por detrás de la gran pantalla del Bonifaz – que se conservaba casi intacta –, por los butacones de los palcos, por los archivos del sótano, donde en estanterías, aún había maletas con viejas películas – y todo esto es cierto. Incomprensiblemente cierto. Cosas de la dejadez de los políticos, que tienen todos un máster en mirar hacia otro lado cuando la cosa se pone cruda. Pero esto es otra historia… – En definitiva. Que aquello no hacía sino incrementar la magia de los ensayos los sábados por la tarde. Sobre todo para un cinéfilo como yo.
De aquellos primeros años en la cofradía de la Merced, recuerdo con especial cariño aquellas cenas a los que los mayores nos invitaban una vez que acababa la Semana Santa. Era como si hubiésemos ascendido un escalafón más. Sobre todo la noche aquella en que en el restaurante “Alfil”, Moncho – nuestro mayordomo y actual Hermano Mayor – hizo reparto de diplomas a los más mayores de la banda a la hora de los postres y antes de mandarnos para casa. El seguir la juerga vendría después, con los años, cuando conseguíamos que nos llevasen a “La gramola” a hacerles compañía durante su primera copa. Al principio nos contentábamos con llegar al “Alfil” y disfrutar, como los críos que éramos, del ambiente familiar y post-Semana Santa que se vivía con todos ellos. Y después de la cena, para casa, en un reparto bien estudiado. Nuestros tíos nos acompañaban hasta el portal y se quedaban esperando hasta que, ya en casa, descolgábamos el telefonillo del portero automático para confirmar que ya habíamos entrado en la vivienda. Cosas de aquellos años.
Y también de aquellos primeros años, se grabaron a fuego y para siempre las imágenes de nuestro “Nazareno” y nuestra “Piedad” saliendo por la puerta de la vieja capilla.
